Estados Unidos sanciona a Murillo: esto es Nicaragua hoy, bajo la tiranía orteguista

No fue la reforma a la seguridad social el único motivo por el cual los estudiantes nicaragüenses, y más tarde la mayoría de los ciudadanos de este país, tomaron las calles en una muestra de hartazgo hacia lo que definen como “régimen asesino y tirano” del actual presidente Daniel Ortega y su esposa -además vicepresidenta – Rosario Murillo. En todo caso, fue el gesto que acabó con la tolerancia y la paciencia de la población, el gesto por el que hoy corre por las calles de Nicaragua la sangre de al menos 300 víctimas tras la actuación de grupos paramilitares que en estrecha colaboración con la Policía Nacional asedian las ciudades, acorralan a sus habitantes y disparan a mansalva con armas de guerra a las cabezas y los pechos de los que protestan.

Por: Fiorella Perfetto

25/07/2018

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El gobierno nicaragüense, en un calco de las tácticas usadas por el régimen venezolano, acusa “a la derecha” de estas muertes, que ya suman, según organizaciones defensoras de derechos humanos, al menos 300 en casi tres meses de protestas, entre las que se cuentan niños y adolescentes con tiros de gracia en sus cuerpos; además de los heridos, las desapariciones y lo que comienza a asomar: la diáspora forzada hacia otras tierras que al menos procuren la vida.

“El que se atreva a poner un solo adoquín (piedras con las que se cerraron las calles) le volamos la jícara (cabeza) a esos hijos de puta”…

Es así como micrófono en mano, un grupo de encapuchados aúpan a los allí presentes para frenar las protestas contra el régimen sandinista, bajo la expresa amenaza de muerte.

El uso de grupos irregulares con los rostros ocultos y portando armas de guerra para asediar a la población, los atentados hacia los hogares de periodistas y activistas defensores de los derechos humanos, la violencia hacia los centros religiosos y representantes de la Iglesia nicaragüense, el asesinato y persecución de jóvenes estudiantes que iniciaron las protestas, la reforma de la Ley Antiterrorista “para incriminar a inocentes capturados en las protestas cívicas”, mientras la dupla Ortega–Murillo grita al mundo que Nicaragua está bajo ataque concebido desde Estados Unidos, es el guión oficial, cuyos elementos más significativos han sido puestos a prueba y afinados por el régimen venezolano durante dos décadas en el poder, mucho más durante las protestas que se escenificaron el pasado año y que arrastraron a la muerte a más de 130 víctimas de la violencia y la represión, según los cálculos propios de este medio.

No en vano el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha ofrecido a la dupla Ortega-Murillo su ayuda para “defender la soberanía de Nicaragua, gesto solidario bienvenido, al menos, por los grupos irregulares que sobre sus autos portan la bandera tricolor.

Camioneta usada por paramilitares en Nicaragua portando bandera de Venezuela. Cortesía: Al Jazeera

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El rey desnudo: el fact check del discurso de Ortega

A casi 100 días de iniciarse las protestas estudiantiles por una reforma al régimen de seguridad social en Nicaragua, la comunidad internacional y los principales organismos acreedores de la nación centroamericana, han comenzado a dar señales de preocupación por el futuro próximo del país. Instan al Gobierno a adelantar las elecciones y a detener la violencia por la cual ha sido sometida la población bajo la bandera de una Operación Limpieza. En un intento peregrino para ocultar lo evidente, el presidente Ortega niega los hechos y acusa a Estados Unidos, al sector empresarial y a parte de la Iglesia de ser los responsables de la masacre.

“Hay similitudes en estas protestas con las guarimbas de Venezuela, no son espontáneas. Aquí ha habido una preparación, un financiamiento para esa preparación, para trasladar esas experiencias”, afirmó en una reciente entrevista ofrecida al canal chavista Telesur. “Si aquí vamos a hablar de paramilitares, los únicos son los grupos de la derecha. Tenemos Fuerzas Armadas, Ejército, Policía, que son constitucionales. Y a la par, hay una fuerza clandestina, armada, que se ha convertido en el instrumento de muerte del golpe de la derecha”.

Sin embargo, las imágenes y testimonios difundidos por los pobladores de las zonas más golpeadas por los ataques de los grupos paramilitares desmontan la “versión oficial”, por medio de cual el mandatario asegura que “los paramilitares son los que han atacado a la Policía que pretendía proteger a la población durante las revueltas”. Pero los hechos dicen otra cosa.

Caricatura del dibujante nicaragüense Pedro Molina. Cortesía: Confidencial

“Son muchos los chavalos (jóvenes) que han tenido que huir hacia la montaña. Estamos desesperados porque no sabemos si están vivos, porque estos asesinos los están persiguiendo. Si los capturan los van a matar”, contó un poblador de la ciudad de Masaya  bajo condición de anonimato.

El relato queda corto ante los datos que ofrecen las organizaciones no gubernamentales. Álvaro Leiva, secretario de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, denunció el martes 24 de julio que suman más de 700 desaparecidos en sólo 24 horas.

La tragedia no parece tener fin. El desgarrador testimonio de la madre de un adolescente de 16 años, asesinado en el barrio Sandino de la ciudad de Jinotega, contrasta con el escandaloso silencio del Gobierno de Ortega.

“Él cayó boca abajo y no tuvieron ninguna piedad. Después yo me vine con mi banderita azul y blanco y se lo puse a los policías y le dije que porqué me lo habían matado a mi criatura y ellos solo se ponían a reír”, contó al canal estadounidense Univisión la madre del joven asesinado.

Por si fuera poco, la masacre alcanzó a una joven brasileña. El lunes de esta semana, la estudiante de Medicina de la Universidad Americana, Raynéia Lima, fue asesinada por paramilitares cuando regresaba a su hogar.

“El rector de la UAM (Universidad Americana), Ernesto Medina, coincidió con vecinos de Lomas de Monserrat (al sur de Managua) en que paramilitares ubicados cerca de la casa de Francisco López Centeno, vicepresidente de Albanisa, abrieron fuego contra el vehículo de Lima cuando circulaba por el Colegio Americano”, cuenta el diario Confidencial. “Recibió un balazo en el pecho que le dañó el corazón, el diafragma y parte del hígado”, dijo el rector Medina.

La estudiante de medicina brasileña Raynéia Lima, asesinada en Nicaragua. Cortesía: El Comercio de Perú

El Gobierno de Brasil “recibió con profunda indignación” la noticia, según manifestó en una nota diplomática que deja al desnudo lo que el Gobierno orteguista pretende ocultar, y llamó a consulta a su embajadora, Lorena Martínez. Condena el “aumento de la represión, el uso desproporcionado y letal de la fuerza y el empleo de grupos paramilitares en operaciones coordinadas por los equipos de seguridad”.

Si estos asesinatos, que se suman ya los tres centenares según cifras conservadoras, han sido ejecutados por “grupos de la derecha” financiados por Estados Unidos, sin oposición por parte del Gobierno nicaragüense, cabe preguntarse entonces de qué se trata la llamada Operación Limpieza convocada por el presidente Ortega.

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Pero, ¿limpieza de qué?…

El nombre de la operación camina de la mano con el discurso ofrecido por la primera dama y vicepresidenta, Rosario Murillo, el pasado 27 de junio en el cual, paradójicamente, alude a las lecturas bíblicas del salmo 37 de David y sus analogías con los tiempos que corren en Nicaragua. Es el salmo que cita la aniquilación del enemigo bajo el manto protector de Jehová. Pero ¿a cuál enemigo se refiere la primera dama?

“El discurso de Rosario Murillo siempre ha sido ligado al amor y a la paz. Ella profesa en su discurso diario ese misticismo pero también ligado al tema religioso. Ellos (Ortega-Murillo), cuando estuvieron en campaña en 2006, tuvieron un acercamiento a la Iglesia católica, al cardenal Obando (el influyente cardenal emérito nicaragüense Miguel Obando y Bravo) que había sido uno de los máximos opositores de Ortega a partir de 1979. No extraña entonces que usen ese discurso en nuestro país, que es profundamente religioso. Pero esto choca a la gente, el uso de estos términos y citas bíblicas para justificar la masacre que están haciendo y que llaman Operación Limpieza”, comentó Yader Luna, periodista del diario nicaragüense Confidencial a The Digger

Los términos usados por la esposa de Ortega que además ejerce como vicepresidenta de ese país, junto al nombre dado a las operaciones que desde el Ejecutivo se han emprendido en las ciudades rebeldes, sugieren la existencia de una política de Estado para exterminar a parte de la población por razones políticas. Si no, cómo explicar el asesinato de un niño de 15 años al recibir el impacto de un proyectil en su cabeza, los discursos de incitación a matar, o los testimonios que los medios recogen de las oprimidas calles nicas.

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El terrorismo de Estado como arma de control social

“Nadie sabe cuándo se irá el terror azul”, refiere el diario La Prensa al cierre de un dramático relato sobre lo vivido por los pobladores del sector de Monimbó. Es el terror que se refleja en cada rostro que atisba a hablar entre sollozos por la pérdida de algún ser querido o por huir para no ser asesinado. Los Azules entran en los hogares, hieren a mujeres, les espetan insultos, las golpean. Es el horror como método de dilación.

“En Monimbó nadie está tranquilo con los paramilitares en las calles recorriendo el barrio. Una mujer que pidió no ser identificada relató que un grupo de hombres llegó a su casa y le preguntaban por las personas que estaban en las barricadas. La señora, que nunca dejó de llorar y que en todo momento expresaba miedo por lo que pudiera suceder, contó que para intimidarla la golpearon en el estómago y le hicieron cortes con un bisturí en sus piernas. Las heridas frescas demuestran el horror que vivió. Me decían puta, perra, que les dijera que quiénes eran los que estaban en las barricadas”.

Los victimarios a los cuales refiere el relato, son las fuerzas de choque del Gobierno. La novedad está en que desde 2007, cuando Ortega volvió al poder, estos aparecían en pequeños grupos que golpeaban o entorpecían los actos en rechazo a las medidas impuestas por el régimen sandinista. Lo que se ha visto en las calles de Nicaragua durante los últimos tres meses mantiene en vilo a todo un país, que teme desde la memoria histórica la repetición del horror de una guerra civil.

“Efectivamente es algo novedoso estos grupos armados. Desde que Ortega asumió el poder nuevamente en 2007, trató de contrarrestar las marchas o los posibles actos de la oposición. Entonces, habían unos hombres siempre vestidos de azul pero en grupos no mayores de 50 que se encargaban de su seguridad. En algunas de estas actividades mandaban a estos grupos como fuerzas de choque, pero siempre eran pequeños. Con el tiempo aparecieron los motorizados, que iban vestidos con camisas del partido o camisas azules que golpeaban, pero nunca se vieron estos grupos masivos, como están hoy en las calles”, prosiguió Luna.

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Maynor Salazar, periodista de investigación del diario Confidencial, coincide. “Antes de las protestas, cuando alguna organización de derechos humanos u organización política reclamaba por elecciones limpias y transparentes, lo que hacía Ortega era colocar en los lugares de convocatoria una hilera de policías y antimotines para bloquear que llegaran, por ejemplo, al Consejo Supremo Electoral. Nunca dispararon balas o usaron armas de guerra, usaban pistolas de balines y bombas de gases lacrimógenos y si te agarraban probablemente te podían golpear, pero nunca este salvajismo que estamos viendo. Incluso cuando no había protestas se podía andar en la madrugada por la capital, tomar un taxi y no iba a haber eso”.

Reportaje del diario The New York Times

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Entonces, ¿dónde está el Ejército de Nicaragua, dueño según las leyes de la hegemonía de las armas?

“El Ejército de Nicaragua nunca se ha metido en el conflicto, solo los antimotines. Ellos (las Fuerzas Armadas) dicen que están para defender al pueblo, que solo velan por el pueblo, pero eso es falso porque ellos tienen la obligación constitucional de defenderlo porque el único grupo armado que debe actuar según la Constitución son ellos, pero no los grupos paramilitares que están actuando”, dice Salazar.

Al interior del país, el miedo se apodera de la población. “Sentimos que estamos reviviendo los tiempos del dictador (Anastasio) Somoza. Los sandinistas han asaltado el poder con unas elecciones llenas de fraude y están haciendo lo mismo que combatieron en los años setenta”, comentó a The Digger un activista nicaragüense que vive en uno de los lugares que ha recibido el mayor asedio por parte de las fuerzas paramilitares. “Tenemos miedo, terror. Llegan a la ciudad en camionetas, armados hasta los dientes, disparan a lo que se mueva y emboscan a la gente. Muchos están desaparecidos”, dice, y exige mantener su nombre en reserva.

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Un pueblo apegado a la religión, recibe el castigo allí, donde más le duele

No es casualidad que muchos de los ataques de los paramilitares sandinistas se dirijan a sacerdotes o centros religiosos. La sociedad nicaragüense es profundamente religiosa y ha contado con influyentes representantes de la Iglesia que han tenido una gran influencia en el ámbito político, como lo fue el cardenal Obando y Bravo, emblemática figura que sirvió de mediador en los conflictos militares y políticos que surgieron en este país desde finales de los años setenta durante la dictadura de Somoza.

Obando medió por la liberación de los sandinistas capturados por el régimen dictatorial, entre ellos el mismo Ortega, para el que también ofició su ceremonia de matrimonio con Rosario Murillo en 2005. Pero el cardenal torció su apoyo a la pareja presidencial, convirtiéndose en un duro crítico de su gestión, entre otros motivos por tratar de anular las actividades religiosas. El único cardenal centroamericano, nombrado por el papa Juan Pablo II, murió el pasado mes de junio, en medio de una de las peores crisis del país.

En la actualidad, la Iglesia nicaragüense ocupa un importante lugar en la mesa de diálogo que se estableció para tratar de negociar una salida temprana de Ortega y detener la violencia. El pasado 24 de mayo, este sector anunció que se levantaba de la mesa tras la falta de acuerdo sobre una agenda para continuar las negociaciones promovido desde el terco discurso oficial que denuncia un supuesto plan para un golpe de Estado.

Representantes de la Iglesia en la Mesa de Diálogo Nacional. Cortesía: Agencias

A pesar de la insistencia de los religiosos por lograr un acuerdo y con este lograr la paz en la nación centroamericana, hay muchas dudas sobre el desenlace. El 9 de julio el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, dijo que la Conferencia Episcopal de Nicaragua evaluaría “seriamente” su participación en el diálogo.

“Hemos sido testigos de la falta de voluntad política del gobierno para dialogar sinceramente y buscar procesos reales que nos encaminen hacia una verdadera democracia” y no hacer “el desmantelamiento urgente de los elementos armados progubernamentales”, dice el comunicado que los obispos emitieron en relación con la convocatoria. “Los representantes estatales han tergiversado el objetivo principal por el cual se instaló la mesa del Diálogo Nacional”.

Entretanto, obispos y centros religiosos también han sido víctimas de los grupos paramilitares. A pesar de acompañar a la ciudadanía en su legítima protesta y al igual que ellos, hablan con precaución y enfrentan el mismo peligro de caer en manos de los irregulares.

“Me tocó atender a uno de los jóvenes heridos en la cabeza antes de morir”, dijo Raúl Zamora, párroco de la iglesia Divina Misericordia. El religioso dio refugio a más de 150 personas que protestaban tras un ataque de los paramilitares.

“Los paramilitares entraron al barrio, uno de los más grandes de la ciudad de Masaya. Han sido cuatro horas de ataque con armamento militar pesado, destruyendo las iglesias. A algunos les han amenazado de muerte, pero hemos dado la cara porque es muy injusto lo que el Gobierno está haciendo. Es un genocidio. No tiene otro nombre”. Son las palabras de otro sacerdote, Augusto Gutiérrez, párroco de la comunidad indígena de Monimbó.

Entre lágrimas, el religioso relató la tragedia a la cadena española COPE. “Tiene que haber una ayuda internacional que detenga esta masacre y se salve al pueblo porque esto no es guerra, la gente se defiende con lo que puede. Con piedras y artesanía de pólvora. Esto no puede ser, no pueden seguir gobernando. Estamos en una situación de completa emergencia”, dijo el pasado 17 de julio, justo después de uno de los más feroces ataques ocurridos en esta localidad.

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Es una protesta legítima de los ciudadanos autoconvocados

Si un elemento es distintivo de las protestas en Nicaragua, es que las mismas, aun cuando nacieron desde las entrañas de la juventud universitaria y estudiantil, ha sumado cada vez más ciudadanos. Poco o nada hay sobre el llamado o la participación de partidos políticos de oposición. “Aquí ningún partido político comenzó esto y de hecho, si no desaparecidos, están disminuidos. Aquí comenzaron los estudiantes con una protesta que cobró importancia en Managua, todos se denominan autoconvocados y es el pueblo de Nicaragua. Hay un dicho que escuché en una de las protestas que usan los manifestantes que lo resume: no hay izquierda ni derecha es la población que está arrecha”, contó Salazar.

Cortesía: El País

“Los estudiantes insisten con las protestas pero es una rebelión pacifica de toda la población. Debería haber, sin embargo, más unión y contar con un líder, si bien hay varios que pueden ser vistos como tales, el régimen los persigue también. Es el caso de doña Francisca Ramírez (líder campesina, defensora de la tierra y quien se ha opuesto ferozmente a la construcción de un canal interoceánico). Esa mujer, por todo lo que ha representado su lucha cívica y mucho más en estos cuatro años que ha luchado para derogar las leyes que ponen en riesgo sus tierras. Falta un poco más de unidad para presionar más al Gobierno en las calles”, dijo.

Francisca Ramírez, líder del movimiento campesino en defensa de las Tierras. Cortesía: diario Hoy

Los entretelones de la geopolítica

Si bien es cierto que Nicaragua recibe ayuda de Venezuela a través de los convenios como Petrocaribe, el grueso de los recursos que soportan el país proviene de préstamos adquiridos con organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Otros recursos provienen de países como Estados Unidos, Luxemburgo y Holanda. Los dos últimos han congelado temporalmente los programas de ayuda tras los hechos violentos.

“Hay que dejar claro que la gran diferencia que  existe entre Venezuela, Siria y Nicaragua, por ejemplo, es que Venezuela tienen cómo sostenerse, en este caso el petróleo, pero Nicaragua no tiene esos recursos. La economía es bien débil, no se tiene algún producto para exportar, así sea para contrabandear. Ahora Costa Rica, Panamá y otros países están ideando una forma para pasar sus mercancías por el mar, porque ya no quieren utilizar las vías terrestres porque representan un gasto y un atraso. Creo que a medida que la gente siga protestando y se siga manifestando, que no sólo sea una efervescencia sino que aumente, sumado a la presión internacional, podamos lograr algo”, comentó Salazar en su conversación con The Digger

Hay otro dato. Ortega ofreció a la cadena estadounidense Fox News una entrevista que según analistas nicaragüenses pretendió “llamar la atención” del mandatario de ese país, Donald Trump, pero sin éxito, a juzgar por las declaraciones que inmediatamente después emitió el vicepresidente Mike Pence, al exigirle al Gobierno de Nicaragua que cese la violencia y adelante las elecciones.

“El gobierno del presidente Ortega da sus discursos recordando siempre el imperialismo de Estados Unidos, los yanquis, el injerencismo, pero después de la visita que hizo el embajador Trujillo (Carlos Trujillo, representante de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos) acá y otras personas del Departamento de Estado, la tónica del discurso de Ortega no ha vuelto a tocar el tema de Estados Unidos, por lo que nosotros creemos que si bien quiere mantenerse en el poder a base de fuerza y violencia y más muerte, la negociación que debe estar con Estados Unidos aún no se puede descartar. Sería una ventana que está allí que no ha cerrado porque evidentemente no le conviene”, agregó Salazar.

La Organización de Estados Americanos (OEA), y a pesar de la resistencia de la representación de Nicaragua, Bolivia y Venezuela, aprobó la pasada semana una condena a los actos de violencia en Nicaragua, invitó a participar “activamente y de buena fe” en el diálogo nacional e instó al Gobierno a “que apoye un calendario electoral”, en una resolución aprobada por el Consejo Permanente por 21 votos a favor.

La resolución de la OEA condenó “los ataques contra el clero, el hostigamiento a los obispos católicos que participan en el diálogo nacional, los actos de violencia en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), la sede de Caritas y otros manifestantes pacíficos”.

Salazar contó además que la resolución de la OEA fue seguida con atención por la población a pesar de la incertidumbre y el temor que reina en las calles nicas. La sombra de la dictadura de Somoza, a la cual Ortega enfrentó, ronda las calles de la nación centroamericana.

“Ciertamente el comunicado no incluye una sanción como en 1978, cuando la OEA dijo que el Gobierno de Somoza se tenía que ir. Esta vez fue un discurso no tan contundente y no se sabe qué va a pasar. El Gobierno no se da por enterado de las presiones internacionales, pero la gente mantiene una esperanza en ese tipo de reuniones, las sigue como si se tratase de un partido de fútbol, agradece estos gestos porque cree que de allí podrían salir algunos pasos para cambiar la situación”.

 

 

La portada del diario francés Liberation

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